¿Cuántas palabras hacen falta para hablar un idioma?

La respuesta corta son unas 1.000 palabras para conversar y 3.000 para desenvolverte. Lo interesante es por qué esas primeras 1.000 rinden tanto más.

Es la pregunta que todo el mundo hace al empezar, y la respuesta tiene mejor pinta de lo que la gente teme.

Los números

Con unas 1.000 palabras se mantiene una conversación sencilla: presentarte, pedir comida, hablar de tu trabajo, preguntar cómo llegar, entender la respuesta. Es el nivel A2 del MCER, el N5 del JLPT, el TOPIK 1.

Con unas 3.000 te desenvuelves: opinar, contar algo que te pasó, seguir una conversación entre dos nativos si no van muy rápido. B1 alto, más o menos.

Con unas 8.000-10.000 lees prensa sin diccionario y ves series sin subtítulos. Ahí ya estamos hablando de años, no de meses.

Por qué las primeras 1.000 valen tanto

Porque el vocabulario de cualquier idioma se reparte de forma brutalmente desigual. Las 1.000 palabras más frecuentes cubren en torno al 80% de todo lo que se dice en una conversación normal. Las 1.000 siguientes añaden un 5% o 6%. Las siguientes 5.000, migajas.

Dicho de otra forma: la primera semana de vocabulario te compra más capacidad de hablar que el año entero que viene después. Por eso los primeros meses son tan agradecidos y por eso el nivel intermedio se hace tan cuesta arriba: sigues trabajando igual y notas mucho menos.

Saber una palabra tiene grados

Aquí está la trampa de contar palabras. «Saber» una palabra puede significar cosas muy distintas.

Reconocerla al leerla es el grado más barato, y es el que miden casi todas las apps. Entenderla al oírla, a velocidad normal, ya es bastante más caro. Y producirla tú, en el momento, con la preposición correcta y en la forma correcta, es el grado que de verdad importa y el que casi nadie entrena.

Mil palabras que puedes producir valen más que cinco mil que reconoces. Un vocabulario grande y pasivo es exactamente el perfil de quien entiende películas pero no consigue pedir un café.

La consecuencia práctica

Si las primeras 1.000 son lo que más rinde, y producir es lo que cuesta, el plan se escribe solo: coge muy pocas palabras, y úsalas muchísimo.

En concreto, unas diez palabras nuevas al día durante tres meses son 900 palabras, que es casi toda la conversación cotidiana. Pero solo si cada una pasa por tu boca varias veces. Diez palabras aprendidas y usadas superan a cincuenta marcadas como «vistas».

Por eso todas las entradas de las listas de vocabulario de este sitio traen una frase de ejemplo: no es adorno, es la diferencia entre reconocer y poder decir. Y por eso conviene meter las palabras nuevas en una conversación el mismo día que las aprendes.

Qué palabras, no solo cuántas

Las listas de frecuencia son un buen punto de partida, pero tienen un defecto: están hechas con textos escritos, y tú quieres hablar. En una conversación real pesan mucho cosas que no salen altas en frecuencia escrita: cómo pedir que te repitan algo, cómo ganar tiempo mientras piensas, cómo decir que algo te da igual.

Un truco que funciona: escribe en tu idioma las veinte frases que más dices en una semana normal. Ahí está tu lista personal, y no se parece a ninguna lista genérica. Esas veinte, dichas en voz alta hasta que salgan solas, valen más que doscientas de una lista de frecuencia.

Y el número que de verdad predice

Después de todo esto, si tuviéramos que elegir una sola cifra para predecir si alguien acabará hablando un idioma, no sería el tamaño de su vocabulario. Sería cuántas frases produce al día.

Alguien con 800 palabras que habla diez minutos diarios adelanta, en seis meses, a alguien con 4.000 palabras que solo hace ejercicios. Lo hemos visto tantas veces que ya no nos sorprende.

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